Los planes de pensiones, desde su primera regulación en 1987, han mantenido el tratamiento fiscal basado en dos principios:
Aparentemente la única ventaja sería que estamos aplazando el pago de impuestos a los años de jubilación. Sin embargo, si la jubilación supone una reducción de los ingresos, existirá otra ventaja: reducir el efecto negativo de la progresividad del IRPF.